CON EL DÍA POR DELANTE

¿Pedir perdón o rendirse?

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Esta semana nos deja un triste perdón. No uno referido a hace varios siglos, no; es uno de ayer mismo…

Un par de días después de la gracieta de López Obrador, requiriendo las disculpas del Rey de España por la conquista de México, llega la Comunidad Islámica de una mezquita de Sevilla y envía al Palacio de la Zarzuela una carta en la que reclama, ¿saben qué?, que Felipe VI, como descendiente de los Reyes Católicos y de Felipe II, reconozca las “vilezas, expoliaciones, destierros y asesinatos” llevados a cabo por los Reyes Católicos. Y se quedan tan anchos.

Viene que ni pintado el sabio refrán popular ‘de aquellos polvos vienen estos lodos’, porque tras años en los que se ha dado carta de naturaleza a las ridículas y malintencionadas pretensiones de la izquierda -dejar de celebrar la toma de Granada o el día de la Hispanidad; retirar monumentos..- son ahora presidentes mexicanos o representantes de comunidades islámicas los que, envalentonados, reclaman un ridículo perdón. Y es normal, porque cuando son nuestros políticos los primeros en despreciar el pasado de España, abren una peligrosa puerta para que los demás lo desprecien también.

Cartas de perdón aparte, este viernes nos regala un nuevo viernes social, con esa hucha rota de la que hablábamos ayer y otro largo día de precampaña electoral que llega, hoy, con una terrible petición de perdón. Y esta no es de hace varios siglos, no, ésta es de ayer mismo: después de criticar la brutal ley del aborto aprobada en Nueva York, ley que reconoce el aborto tardío -por desmembramiento, entre otros métodos-, el número dos de Madrid por el Partido Popular, Adolfo Suárez Illana, pedía perdón por las inexactitudes de su afirmación, como diciendo que bueno, que lo de matar de forma civilizada no es tan, tan malo. Ejemplo perfecto de la diferencia entre pedir perdón o rendirse al horror.

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