CON EL DÍA POR DELANTE

Pepu y el astronauta

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Probablemente, Borja, no pintes nada en política, porque estar dispuesto a pactar, como has dicho, con Bildu y hacerle ascos a un partido que procede del tuyo es una señal. 

Cuentan que había en Babilonia una festividad en la que el rey era destronado y humillado y en su lugar ponían a un esclavo, que reinaba con poder absoluto durante un día, al anochecer del cual era sacrificado. Puedo imaginar la euforia y el terror de ese hombre a quien el poder absoluto se le presentaba inopinadamente, y cómo maquinaría frenéticamente y contrarreloj para alargar el plazo de su inesperada fortuna.

Pedro Sánchez no va a ser sacrificado cuando salga de la Moncloa, pero cualquiera lo diría. Ha llegado a ella por una improbable carambola después de obtener en las últimas elecciones el porcentaje más bajo alcanzado por el PSOE en la historia reciente, para gobernar España aliado con quienes quieren verla reducida a cachitos o convertida en uno de esos regímenes de los que, como estamos viendo, solo se sale con sangre y lágrimas.

Es esa sensación de agobiante provisionalidad unida a una inseguridad evidente la que le lleva a actuar a saltos, a tomar decisiones que contradicen lo que ha dicho cinco minutos antes o incluso lo que decidió previamente, en demorarse en reconocer a Guaidó y en llamar, al poco, tirano a Maduro.

También es lo que le impulsa a convertir su equipo de gobierno en Gran Hermano VIP, con su astronauta y todo, y ahora a presentar como aspirante en las primarias por la candidatura a la alcaldía de Madrid al popular ex seleccionador nacional, Pepu Hernández.

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Lo esperpéntico es que luego los populistas son otros. Los partidos ‘tradicionales’, los del consenso socialdemócrata, llevan décadas troleando a sus votantes y pasándose por el forro sus propuestas electorales que, como dejó dicho el socialista Tierno Galván, son mentiras blancas, necesarias e inocentes. Pero luego llega Vox -o, mejor, Vox saca la cabeza-, con un programa que hubiera pasado desapercibido hace no tantos años, y todos reaccionan cual damas victorianas pidiendo a gritos las sales.

El último ha sido un Borja Sémper, de ese nihilismo acomplejado que se llama Partido Popular, que en una entrevista concedida -como no- al diario de reverencia, El País, ha dicho que “si el populismo reaccionario nos arrastra, no pinto nada en política”. Probablemente, Borja, no pintes nada en política, porque estar dispuesto a pactar, como has dicho, con Bildu y hacerle ascos a un partido que procede del tuyo y que defiende lo que el tuyo defendía hace unos años es señal de que perteneces a esa derechita cínica que no es más que una coartada de la izquierda. Como dice el popular tuitero @alonsodm, Sémper «está vendiendo sus complejos como principios».