TRIBUNA

El PP tragicómico

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De mi experiencia como parte del equipo negociador del acuerdo de investidura de Moreno Bonilla, sólo me atrevo a mencionar el grado de cinismo de alguno de los representantes del PP.

La idea inicial de los actuales dirigentes del PP de no hablar de Vox de cara a las citas electorales, les ha durado poco. Menos que un caramelo a la puerta de un colegio, como se solía decir. Pero sus referencias al partido de Abascal van también variando rápidamente. Del intento de meter miedo al votante con la Ley D’Hont y el llamamiento torticero al voto útil se ha pasado ahora a acusar a Vox de falta de experiencia frente a unja supuesta seriedad institucional del Partido Popular.

Y es cierto, Vox, que es un partido joven, no ha ocupado cargos de representación popular hasta las pasadas elecciones andaluzas de diciembre. Pero no es menos cierto también que la “experiencia” del PP que tanto se enarbola ahora desde su máxima cabeza, deja mucho que desear. Los actuales dirigentes de este supuestamente nuevo PP, no pueden tener la memoria tan corta y haberse olvidado en pocos meses de lo que hicieron –y defendían con mayor o menor convicción- cuando trabajaban bajo Mariano Rajoy. No obviemos que, por ejemplo, Javier Maroto era vicesecretario general de acción sectorial desde el 2015, Andrea Levy, vicesecretaria de estudios y programas también desde junio de 2015 y Pablo Casado, vicesecretario de comunicación, igualmente desde 2015.

Esto es, la experiencia del PP de la que han sido parte central y activa tal vez no sea la mejor para vanagloriarse. Sin escarbar demasiado: es el PP que cree poder contentar a los separatistas catalanes; que, como sabemos ahora, hasta llegar a querer acordar con ellos un referéndum en la calle, como mejor solución para todos; el que sigue negando que se organizara un referéndum ilegal y el que mandó a la policía a una misión imposible, sin el respaldo debido. Es el PP que prometió reducir la carga fiscal, pero que no hizo más que asfixiar con más impuestos a los españoles de clase media. Es el PP que permitió que medio millón de inmigrantes ilegales se instalaran plácidamente en nuestro suelo en esos años. Por no hablar del PP de la Gurtel, la Púnica, la Kitchen y tantas otras. Efectivamente, eso se llama experiencia y seriedad. Me reiría por no llorar.

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Con la defensa a ultranza de las autonomías, de la ley de violencia de género, de la supeditación del castellano, el PP, serio o tragicómico, de lo que da es prueba de no querer, poder o saber reformarse. De mi experiencia personal como parte del equipo negociador del acuerdo de investidura de Moreno Bonilla en Andalucía, sólo me atrevo a mencionar el grado de cinismo de alguno de los representantes del PP en aquella mesa. Y si tan serio es ese partido, lo que debería estar haciendo es aplicar ya a lo que se comprometió con Vox y dejar de escudarse en las escusas de siempre, tan explotadas en su día por Rajoy, Montoro y demás, que si hay agujeros negros, que el gasto no se puede tocar, que menudo lío, etc.

Nadie es perfecto, el mundo tampoco lo es, y los partidos políticos mucho menos. Pero lo que es una aceptación de la condición humana, no puede convertirse en un cheque en blanco ni para la falsedad ni para la estupidez. Si el actual PP se empeña en seguir haciendo campaña sobre los ataques a los votantes de Vox y de C’s me temo que sus resultados van a quedar muy por debajo de a lo que aspiran. Los partidos llamados de centro-derecha en España cuentan con una pésima historia y trayectoria. Ahí está el desplome de la UCD y las continuas refundaciones de AP y PP. Tal vez sea la hora de otra cosa. La experiencia, cuando es mala, mejor dejarla de lado. Un poco más de sentido común si sería bienvenido.

por Rafael Bardají.

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid (1981), cursó estudios de especialización en seguridad y defensa en Inglaterra y Estados Unidos y ha sido profesor de Política Internacional en ICADE.