EL CAMINO DE LA UNIÓN

¿Quiénes son los verdaderos europeístas?

|

Es difícil criticar un sistema que te trata tan bien. Es muy difícil criticar el sistema que te permite cobrar sueldos tan altos libres de impuestos.

Hace 5 años, un federalista convencidísimo de las bondades de la Unión Europea entraba por la puerta del Parlamento Europeo. Obviamente no es noticia, esto ocurre casi a diario. El sueño de miles de personas que amamos la política es poder trabajar en la Unión Europea que nos han vendido, una organización que se creó para ayudar a todas las personas, no sólo europeas, sino del mundo. Esa organización en la que trabajan los mejores y mejor formados, los que tienen respuestas para cualquier problema, esa organización que sin duda nos ayudaría a los españoles a mejorar nuestro sistema…

Ese yo federalista de hace 5 años, como muchos jóvenes y no tan jóvenes, cayó en la trampa de pensar que lo de fuera siempre es mejor. Sin duda, la publicidad de la Unión ayuda a creer en ello, ayuda a creer en la idea de que a España le iría mejor si hiciese lo que la Unión Europea recomienda.

Pues hace 4 años y 10 meses que mi idea cambió, hace 4 años y 10 meses que me di cuenta de que el Parlamento Europeo no era esa institución formada por personas increíbles, capaces de cambiar el mundo. Hace 4 años y 10 meses me di cuenta de que no había personas diferentes en Bruselas a las que tenemos en Madrid. Hace 4 años y 10 meses me di cuenta de que la Comisión está formada por un grupo de personas a las que no podemos ni contratar ni despedir y que son inmunes a la opinión publica. Hace 4 años y 10 meses me pregunté por qué las personas de la UE no hablan sobre esto: ¿Será que los incentivos, prerrogativas y beneficios que tenemos aquellos que trabajamos para estas instituciones nos ayudan a callar?

Suscríbete a nuestro nuevo canal

Incentivos que no nos permiten ser objetivos y nos van envolviendo en una jaula de oro que te enamora poco a poco hasta que no puedes decir otra cosa que: “La Unión Europea nos salvó de estar en guerra con nuestros vecinos” o “La Unión Europea ha democratizado a Europa”. ¿Acaso antes de la UE éramos bárbaros luchando con palos? Pero es entendible. Es difícil criticar un sistema que te trata tan bien. Es muy difícil criticar el sistema que te permite cobrar sueldos tan altos libres de impuestos, el sistema que te excluye de pagar el IVA en muchos productos durante tu primer año dentro del sistema, aquel que te garantiza una pensión vitalicia con solo 10 años de cotización a un fondo privado…

Esos beneficios, que serían favorables para todos pero que sólo se les permite disfrutar a unos pocos, son los que no permiten criticar este sistema. Estos incentivos que atan de pies y manos a la hora de hablar sobre la Unión y sus problemas, estos incentivos que hacen pasar por alto el déficit democrático de ser el único parlamento libre del mundo que no puede crear legislación. Son esos los incentivos de las élites que se empeñan en convencernos que la UE hace mucho por nosotros, los ciudadanos.

Ciudadanos que durante muchos años y en todos los países de Europa hemos luchado para conseguir igualdad ante la ley, hemos defendido que la nobleza no podía vivir de nuestros impuestos mientras ellos disfrutaban con sus prebendas. A día de hoy, bastantes años después, contamos con una nueva nobleza: no pagamos impuestos, pero te recomendamos los que tú tienes que pagar.

Dos meses fue el tiempo que necesité para darme cuenta de que siempre estuve equivocado. La defensa de Europa no se hace con más centralismo; la defensa de Europa se hace protegiendo a cada uno de los estados que ha hecho posible que esta Unión naciese. Yo no era un federalista convencido, en realidad yo era un europeísta de verdad.

Así que en dos meses voy a intentar que, como yo, te des cuenta de que todos aquellos que luchamos por una España, Portugal o Italia fuertes en la UE somos los europeístas de verdad. Si no tienes miedo a cambiar de opinión, no te pierdas cada semana mi columna sobre El camino de la Unión.