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Tacones

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Tercera noche del Festival Internacional del Cante de las Minas y Patricio Peñalver escribe, “muy mal se tiene que poner la noche para que en algún momento no aparezca eso que llamamos duende”. Y vaya si apareció… de la mano del cantaor Manuel Moreno ‘El Pele’ y la bailaora Alba Heredia. Agosto. El eco del taconeo al compás rompe el silencio de la noche en el Antiguo Mercado Público de La Unión. El ruido de los flamencos que zapatean hasta en los bajos de las casas. Sara Baras explica muy bien qué significa: “El tacón del flamenco simboliza el peso, es el peso de la vida. La punta juega más, dibuja. El tacón está agarrado a la tierra, es el centro de tu cuerpo”.

¿Tacones? No me toques las palmas… En una de mis últimas visitas a París observé que casi nadie utilizaba un tacón que excediera más de tres centímetros y medio. Si me preguntan mi opinión, acertadamente. Más altos resultan hasta horribles además del sabido perjuicio que ocasiona deformando el pie ante la necesidad de guardar el equilibrio. Como sé que haréis caso omiso de mis consideraciones, veamos la vida pasar desde esas alturas. Lo merecen. Los tacones han dado grandes momentos a nuestra historia (y los que quedan…).

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Indiscutiblemente es el elemento estrella de este verano. Y no, no estoy hablando de las sesiones de investidura a las que nos someten nuestros políticos ya cada veranillo (incluimos ya el de San Martín, el de San Miguel… investiduras ad aeternum), ni del calor seco bajo la indolencia del ventilador, la atmósfera de humo y los vasos vacíos de Coca-Cola… El verano va acompañado de circunstancias desagradables, léase chanclas, tirantes, shorts…, reitero, que ya se han instalado entre nosotros convirtiéndose en parte esencial de la estética contemporánea. Ahora bien, unas sandalias de tacón siempre serán sinónimo de moda a la vez que seducción y distinción.

Gol de tacón

Lo que para unos es una experiencia tan vertiginosa como subir y bajar por una montaña rusa para otros, sin embargo, la palabra tacón es música celestial provocada por la voz del comentarista radiofónico narrando el mítico gol de ídem. Hay entendederas para todos los gustos. José Luis Garci recordaba así a su padre: “Lo mismo me hablaba de música, o de deporte… Yo iba más por el Atlético que por el Madrid. Él era de Gijón y del Sporting. Vimos juntos el famoso gol de tacón de espalda de Di Stefano. Yo salí triste porque el Atlético había perdido. Pero mi padre me decía: “Chico, no estés así, que siempre podrás decir que has visto el famoso gol de tacón”. Sin embargo, Fernando Torres no coincidiría porque declaraba en Jot Down que el fútbol no es tacones, ni chilenas… “me lo decía Luis Aragonés: “Niño, usted no aprenda a hacer esas cosas que eso no vale para nada. Usted clinck, clink. Gol, gol, gol”.

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Norma Duval y el stiletto

Pero vayamos al origen de esta pieza de altura. Fue en 1760 cuando un comerciante y diseñador Italiano, Giacomo Pirandelli barón de Styletto, inventó el tacón de aguja. Según dijo “con el fin de mejorar la práctica de los jinetes y como soporte para las espuelas”. Ni qué decir que fue todo un éxito y el elemento evolucionó convirtiéndose en parte esencial de nuestra vestimenta.  Norma Duval decidió una buena mañana buscarle el significado a lo de ‘stiletto’ llevándolo a la práctica aquel día memorable cuando descalza y en minifalda no dudó en arrojar un zapato de tacón a Jimmy Giménez-Arnau, en Onda Cero, ante un Luis del Olmo, director del programa, atónito .

Tacones a prueba de agendas de trabajo

Como los tacones van y viene (y vuelan)  a un ritmo vertiginoso por la vida hay que dejar claro que no hablamos simplemente de un puntal estético sino que es un calzado a prueba de agendas de trabajo frenéticas. Sin ir más lejos, la que fuera directora creativa de Céline, Phoebe Philo, confesa defensora del zapato cómodo, añadía unos buenos tacones en su maleta: “Una camisa blanca, un par de pantalones negros, una falda, quizá tres abrigos, dos chaquetas, un zapato de tacón, un zapato plano y unas deportivas. Una bolsa. Puede que sólo una bolsa…”.

Todos nos hemos fijado estos días en la Reina Letizia y hemos coincidido en su buen gusto a la hora de lucir calzado en sus paseos por Mallorca. Está claro, lasalpargatasson el calzado del verano. Cómodas, versátiles y muy combinables con sus maravillosos vestidos. Pero, ¿qué elemento nos ha llamado siempre poderosamente la atención y por lo que siempre es reconocida?: sus zapatos. Los titulares en reportajes, magazines y prensa varia no se bajaban del archirrepetido: los tacones de Letizia. De tacón alto, bajo, de aguja, cuadrado, con plataforma, botas, botines. Sabemos que le encantan los stilettos y los zapatos con plataforma. El tacón, pues, es uno de los grandes aliados de la Reina.

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Berlanga vs Zapato de tacón

Pero si hay alguien que ha homenajeado siempre al zapato de tacón ese ha sido Luis García Berlanga. De acuerdo, era un homenaje más cercano al sadomasoquismo. En sus películas no faltaba algún guiño al zapato, su fetiche particular. Todos recordamos a Bárbara Rey en ‘La escopeta nacional’. Fue tal su adoración que al ser invitado como pregonero en las fiestas de Moros y Cristianos de Elda pidió, en su discurso, la recuperación del tacón alto del calzado de la mujer “como el más hermoso signo de la feminidad y a la vez el vértigo más seductor jamás inventado”. Recordemos que, en 1999, Berlanga instituyó el Premio a la Mujer Mejor Calzada de España, en el Museo del Calzado de Elda, y algunas de las afortunadas han sido Anne Igartiburu, Marta Sánchez o Esperanza Aguirre.

Cine y política de tacón

Irremediablemente unas piernas enfundadas en unas medias y zapatos de tacón lo suficientemente vertiginosos pueden producir sacudidas eléctricas en algunos como las que producía Zsa Zsa Gabor cuando salía en la pantalla o acudía a alguna fiesta. Tal vez, dramatizando de forma algo romántica, tuvo algo que ver que los Gabor llegaran de Hungría, según Ricardo Mateos en ‘Estoril, los años dorados’ “con lo puesto pero con tres diamantes azules ocultos en los tacones”. (El padre era joyero. A la madre la llamaban Bijou). Y es que el cine ha dado miles de leyendas. Sabemos por la mismísima Shelley Winters que junto a Marilyn Monroe solían robar zapatos en los estudios de rodaje. Una de las sandalias, en concreto, con tacón alto, puntera de rejilla y tira en el tobillo las describió como uno de los zapatos más sexys que jamás había visto, los ‘fuck me shoes’.

Si el cine ha dado anécdotas, ni les cuento la política. Han adquirido su protagonismo. No toda frase histórica, ya les aviso, suena igual de bien sobre unos rotundos tacones. Aquella magnífica frasedel general MacArthur, “me voy pero volveré”, únicamente podía quedarle bien a alguien como él, más si lo hacía tras unas majestuosas Ray-Ban. Cristina Cifuentes quiso dejar caer otra frase para la historia, pero no era tan sencillo. No siempre la ironía permite que todo, para algunos, pueda convertirse en válido: “Sin tacón, no hay reunión”, dijo. Y, claro, llegó la polémica. En Instagram publicó una foto en la que aparecían sus pies luciendo unos tacones negros y repitiendo la frase, “Sin tacón, no hay reunión”, que realizó en una entrevista publicada en abril de 2017 provocando una oleada de críticas por parte de grupos feministas.

Este repaso taconil  no merece otro broche mejor que terminar a lo ‘Cowboys de medianoche’. Aquí va un poema de Luis Alberto de Cuenca con tacones incluidos:

Lleva gafas muy gruesasy un ajado impermeable.

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Está muerta de miedo.

A duras penas, grita.

Con los pies y los puños

la emprende con la puerta

blindada del garaje.

Uno de los tacones

se le rompe. Se quita

los zapatos. Descalza,

es mayor todavía

su desamparo. Sigue

golpeando hasta hacerse

sangre. Todo es inútil.

Ya se acercan. El cielo

se rompe en mil pedazos.

Ahora sí es cuando empiezo a cuestionarme, desde unos diez centímetros de altura, todos mis prejuicios con la tierra…