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TRIBUNA

Un esperpento de apertura

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La apertura de la XIII Legislatura dio para más de una anécdota y para más de un comentario en una mañana repleta de momentos históricos, pintorescos y grotescos. Los alrededores de la Carrera de San Jerónimo lucían copados de coches oficiales y curiosos entregados para la ocasión entre pitos y flautas y flautas y pitos, que diría el otro. A las 7 de la mañana ya merodeaban diputados que recorrían los pasillos para hacer luego el paripé ante las televisiones y las radios. Aquello parecía la pasarela Cibeles. Pegué una última calada a mi cigarro y se escapó la última ráfaga de mi Marlboro. Mientras, unos metros más allá, en el bar junto al Congreso, algunos vecinos en pleno relax disfrutaban desayunando tostadas con aceite y café en abundancia bajo el espléndido sol madrileño. Otros pegaban la nariz contra cristal. El ambiente comenzaba a animarse.

Esta legislatura no va a ser fácil observando cómo los que, se supone, se aliarán con el Gobierno están al juego contrario. Apoyarán y combatirán al Gobierno según les convenga. Siempre es una mala noticia saber que este gobierno dependerá de grupos políticos que contribuyen al deterioro del Estado. Al lío. Ya sabemos que las primeras sesiones de las Cortes tienen un punto caótico porque no hay escaños asignados a los 350 diputados, de modo que debían sentarse donde hubiera hueco. Recordemos que el 63% de los diputados de esta legislatura no lo han sido nunca. El espectro político estaba más que repartido. En épocas pasadas la premura por acudir no era tanta, cosas del bipartidismo.

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El que llegue primero que coja sitio; oído cocina. A las 8.30h llega Pedro Sánchez. Justo hace dos años, Sánchez fue reelegido por los militantes del PSOE como secretario general de los socialistas. Ayer, 933 días después, ocupaba su escaño como presidente del Gobierno. Comenzaba esa especie de feria de las vanidades toda ella con un halo de anormalidad entre el excéntrico paisanaje que, hay que decirlo, hacía las delicias de los compañeros gráficos y cronistas. ¿Creían que Sánchez fue el más madrugador? No, a las 7:15h llegan los representantes de VOX. Ortega Smith muy serio se cruza en la puerta del Congreso con Cayetana Álvarez de Toledo que prefería saludar a las cámaras y después charlaba animadamente con Girauta. De repente, ruido. Ese ruido que estuvo presente metafórica y literalmente toda la mañana. La policía desalojaba a varios activistas a favor de vivienda digna para los ‘sintecho’. Por cierto, las medidas de seguridad por encima de anteriores ocasiones con policías de paisano. Mientras, los políticos hacían su tour por las radios y las teles y los independentistas dejaban cartelitos en sus escaños como el que deja la sombrilla en la playa al amanecer para que no le quieten el sitio. Estrenos: Pablo Montesinos, como el niño que llega ilusionado a hacer la primera comunión. Antes contaba estas cosas y ahora llegaba trajeado a ocupar su escaño: “Vengo a trabajar en defensa del interés general”.

Tras un huerto del que brotaban y brotaban micrófonos aparecía un bigote: Revilla no podía entrar ante tanto compañeros de prensa (jamás entenderé esta cosa mediática de Revilla). Pablo Iglesias tomaba el micro dispuesto para los políticos en la puerta para soltar el mitin, “estoy a favor de que los diputados presos no sean suspendidos”. Dentro seguía el lío con la asignación provisional de asientos. Los de Abascal sentados tras la bancada del Gobierno. Con ese ángulo collejero acudía raudo José Zaragoza, del PSC, colocándose entre Abascal y Espinosa de los Monteros, “les explicaba el funcionamiento de las Cortes”. De fondo sonaban miles de clics, eran los selfies by iPhone de diputados. Posaban ellos en fila como a punto de bailar la conga y ellas ladeando el cuello y melena a un lado. La era de Instagram. Ciudadanos ocupaba la bancada del PP ¿mensaje? Para mensajes: Felipe Sicilia y Arnau Ramírez luciendo camiseta con gaysper, el icono LGTBI y Marta Rosique (ERC) con senyera independentista en la suya. El diputado de PNV Joseba Agirretxea, lazo amarillo en la solapa de la chaqueta y Laura Borrás (Junts per Catalunya) mariposa del mismo color. Albert Rivera preguntaba a Villegas, “¿dónde nos sentamos?” Pablo Casado era de los únicos que mantenía su sitio de siempre. Teodoro García Egea bromeaba con un diputado de Ciudadanos con que a ellos nos les quitaban el sitio “porque hemos hecho noche”. Hubo muchos ex. Marcelo Expósito (cabeza borradora, que diría Rosa Belmonte), antes secretario del Congreso, asistía desde la tribuna de invitados. Cuando llegó Iván Redondo ya respiramos todos. Si Rafael Hernando decía que el Congreso “no es un circo” (todos mis respetos al circo) la llegada de los diputados presos se produjo con una excitación propia de unos junqueralieber. Qué ansia desmedida por saludar y dar palmadas en la espalda. Ronda de besos entre presos y no presos. Aquello era como una comida con larga sobremesa. Primer encuentro con tensión: Pedro Sánchez y Abascal se saludan con un apretón de manos. Segundo encuentro tenso: Pedro Sánchez y Junqueras, primer apretón de manos sin intercambio de palabra. Las hubo después, en el guirigay del recuento de votos. Pedro cuelga su teléfono, Junqueras sube por las escaleras: “Tenemos que hablar”. Lección: jamás colguéis el teléfono, seguid disimulando. Inés Arrimadas sí saludó. A Rull, dos besos y a Turull la mano; Rivera, no.

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La sesión debía presidirla el diputado de más edad. El protagonista de la jornada (por curioso y, tal vez, por cierta nostalgia de oratorias): Agustín Zamarrón. Homenaje barbado a Valle Inclán sin jazmines en el ojal, pero con pañuelo en el bolsillo de la chaqueta. Luces de Bohemia arrancaban en vivo. El tedioso recuento de votos invitaba a los diputados a escapar al bar, al baño, a fumar… Aitor Esteban, de los primeros en acercarse a charlar con los diputados presos. Junqueras queda atascado en la cola para votar y ¡sorpresa! habla tranquilamente con Borrell (¡¿no era el azote del independentismo?!). Sigue atasco inexplicable en la votación. Se forman corrillos ¡qué nos gusta un chascarrillo! “Hemos creado una cola más larga que la del pan durante la carestía”, se escucha a Zamarrón. El atasco tornaba casi a esperpento (y sólo llevábamos 40 minutos). “Mejoren el flujo, estamos propensos a la trombosis en el foso”, avisaba Zamarrón, que es médico. Ni en los mejores diálogos de Luces de Bohemia. “¿Dónde está Zamarrón?” Ya no podíamos vivir sin él. Subiendo la urna al gallinero para que votara Echenique. Iglesias, como siempre, pegado a su móvil mostrando vete a saber qué en la pantalla a los diputados presos cuando se los cruzaba. Y, Celia Villalobos, “¡mira, mi amigo Gil Lázaro!”. “¿Es ironía?”, le espeta el periodista. “Yo creo que el PP se portó mal con él”, contesta Villalobos. Aquí todo Dios tiraba con bala. “Propendemos a la trombosis de la Cámara”. ¡Zamarrón se había propuesto quitar el lugar de frases destacadas a Rajoy! Revilla ¡otra vez! en el exterior pillando micro pero una manifestación del colectivo de funcionarios de prisiones lo anula. Rivera sale veloz a saludar a los funcionarios “estamos con vosotros”. Como aquí el que no corre, vuela, Pablo Casado y Monedero salen también a dirigirles unas palabras. Los funcionarios, asombrados “hasta ahora ningún político había salido a apoyarnos”. De reojo veo que Turull que se fuma tanto encima que tienen que habilitarle una zona especial. Quedaban las votaciones de los secretarios. Esto ya era 13 Rue del Percebe. Ujier y Zamarrón arriba y abajo hacia Echenique: “Dejen expedito el pasillo del tercio izquierda que tenemos que ir con la sacra urna a ver al señor Echenique”.

Llega la extemporaneidad a la hora de juramentos y el bochorno: “Por la república catalana y la libertad de los presos y exiliados”, unos. VOX, “por España, sí juro”. Podemos, “por la democracia y los derechos sociales”. IU, “por la democracia y la república, prometo”. El PSOE pidió a sus diputados que juraran o prometieran sin añadir más comentarios. Albert Rivera se levanta para parar el pleno porque dice que le están ofendiendo las promesas “por la libertad de los presos”. VOX le aplaude. Batet se niega a interrumpir. Ahí Rivera se lleva de largo los tiros de cámara por delante de PP. El popurrí de dedicatorias, los pateos y golpes a los escaños, sobran. No le arriendo la ganancia a Batet con el añito que le (nos) espera.

Al final, furgón policial para trasladar a los presos a la cárcel y en el ambiente una sensación de campo devastado con la rueda de maleza rodando como en una película del oeste.

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