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El verdadero objetivo de los rescatadores de inmigrantes

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No es un problema de este verano, ni del anterior, ni del otro, las operaciones migratorias que fluyen a través de las costas para llegar a Europa ilegalmente desde África son una actividad cotidiana en el Mediterráneo desde hace más de una década. Y en Europa llevamos el mismo tiempo asistiendo impotentes al terrible coste en vidas que se cobra el mar de esas pobres gentes que acuden al reclamo de una vida mejor. 

Mientras entre los inmigrantes exista la esperanza de poder llegar a las costas europeas y permanecer en alguno de nuestros países, seguirán arriesgando sus vidas y seguirá habiendo organizaciones criminales que se encarguen de traficar con seres humanos. El problema es Europa y sus políticas migratorias. 

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Las opciones que se plantean son:  A) Una política de puertas abiertas, como preconiza la ultraizquierda, lógicamente inviable, pues implicaría que 50 millones de africanos y otros 30 millones de asiáticos y americanos se instalarían inmediatamente en Europa, haciendo estallar socialmente el continente.  B) Los mundialistas del consenso capitalismo-socialdemocracia, como Soros, son más inteligentes y saben que la inmigración masiva ha de ir llegando paulatinamente, graduando la sustitución poblacional para que sus sociedades abiertas no se frustren ante la reacción de la población europea, adormilada, pero no completamente estúpida. Una política ambigua que, con una mano restrinja la inmigración ilegal, pero con la otra haga la vista gorda con la expulsión de inmigrantes parece lo más beneficioso para sus objetivos. C) Por último nos encontraríamos con una política rigurosa del control de la inmigración. Si todos y cada uno de los inmigrantes que entran ilegalmente en Europa fuesen devueltos a sus países de origen o salida, el intento se sabría estéril y ninguna persona estaría dispuesta a pagar a mafiosos y a poner sus vidas en peligro por una quimera imposible. 

Mientras, las ONGs que se dedican a rescatar inmigrantes en el mar suscitan cada día más polémica. El ex canciller austriaco, Sebastian Kurz, afirmó este mes que «solo dan falsas esperanzas y, sin darse cuenta, ponen a más personas en peligro». Y es que la labor de alguna de estas ONGs está siendo muy cuestionada, no sólo por el efecto llamada que provocan, al tener una gran repercusión mediática sus operaciones de salvamento, sino porque cada día se suman más voces que consideran que sus intenciones tienen más que ver con la agenda globalizadora que con las labores humanitarias. 

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El último caso mediático ha sido el protagonizado por Carola Rackete, capitán del barco perteneciente a la ONG alemana Sea Watch, detenida tras haber atracado sin autorización en la isla italiana de Lampedusa para desembarcar a 43 inmigrantes, rescatados en el mar cerca de Libia y en supuesto peligro vital porque, según ella, uno podría padecer tuberculosos y otros, no se sabe cuántos, estaban tomando analgésicos debido a una posible enfermedad indeterminada sin síntomas específicos. La propia Rackete, tras calificar a Matteo Salvini de racista, ha confesado abiertamente sus intenciones: «Los europeos hemos permitido a nuestros gobiernos construir un muro en el mar. Hay una sociedad civil que lucha contra eso y yo formo parte de ella», es decir, su objetivo es allegar inmigrantes a Europa, sin importarte cuantas leyes haya que violar para conseguirlo. 

En el caso de Open Arms, la organización patrocina por Soros, sus barcos han sido acusados de favorecer la inmigración ilegal hacia Europa. Estas ONGs, que no hacen distinción alguna entre inmigración legal e ilegal, en realidad, con la disculpa de salvar vidas en el mar, darían apoyo indirecto a las redes de introducción de inmigrantes. El pasado mes de enero la Dirección General de la Marina Mercante, del nada sospechoso gobierno de Pedro Sánchez, tuvo que  denegar el permiso de salida al Open Arms porque su método «se aparta de los procedimientos relativos a las operaciones de salvamento reguladas por la normativa internacional», ya que «no se podrán realizar operaciones de búsqueda y salvamento, en tanto no se cuente con la conformidad de la autoridad responsable de la región de búsqueda y salvamento (zona SAR) donde se navegue, y siempre bajo la coordinación de dicha autoridad». 

Fraude de Ley

El rescate de náufragos y su traslado a un lugar seguro, por supuesto es una obligación moral, y además jurídica. Si acudimos al artículo 98 de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (habitualmente conocido por Motengo Bay), la regla 33 del Capítulo V del Convenio SOLAS o el artículo 2.1.10 del Convenio SAR), los capitanes de los buques que estén en la mar en condiciones de prestar ayuda y salvo que consideren que es irrazonable o innecesario hacerlo, están obligado a acudir en auxilio de las personas que se encuentren en peligro en el mar y tratarán a los rescatados con humanidad conforme a la capacidad y las limitaciones del buque.

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 Aparte de lo anterior, y también según el artículo 7 Capítulo V del Convenio SOLAS, los Estados vienen obligados a garantizar la adopción de las medidas necesarias para salvar a las personas que se hallen en peligro en el mar cerca de sus costas, las cuales comprenderán el establecimiento, la utilización y el mantenimiento de las instalaciones de búsqueda y salvamento que se juzguen factibles y necesarias, habida cuenta de la densidad del tráfico marítimo y los peligros existentes para la navegación. 

Conforme a la normativa internacional citada, el Estado Parte responsable de la región SAR correspondiente asume la responsabilidad primordial de que los inmigrantes rescatados sean desembarcados y entregados en un lugar seguro teniendo en cuenta las circunstancias particulares del caso y tomando las medidas pertinentes para que ese desembarco tenga lugar tan pronto como sea razonablemente posible y con una desviación mínima del buque rescatador respecto a su viaje proyectado.

Evidentemente nadie discute que se preste auxilio a cualesquiera personas que se hallen en peligro en el mar, sean cuales la nacionalidad o la condición jurídica de dichas personas o las circunstancias en que éstas se encuentren (Norma 2.1.10 Anexo SAR). 

Pero estas ONGs dedicadas al rescate de inmigrantes obran de mala fe cuando acuden a propósito a las cercanías de las aguas territoriales de los países ribereños de la costa africana, puntos de salida de la inmigración ilegal, y recogen a los inmigrantes al abandonar esas aguas territoriales para trasladarlos, no a al puerto seguro más próximo, sino a un puerto europeo. 

El Reglamento (UE) n. 656/2014 del Parlamento Europeo y del Consejo de 15 de mayo de 2014, por el que se establecen normas para la vigilancia de las fronteras marítimas exteriores en el marco de la cooperación operativa coordinada por la Agencia Europea para la Gestión de la Cooperación Operativa en las Fronteras Exteriores de los Estados miembros de la Unión Europea (MSR), establece en su artículo 10 la preferencia de que el desembarque de las personas rescatadas se produzca en las costas del estado más cercano al punto donde se encuentra la embarcación, o bien del estado del que se presuma que ha salido la embarcación.

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Sin embargo, casualidades de la vida, Open Armas, Sea Watch o cualesquiera otras ONGs dedicadas al tema, nunca van a los puertos de Marruecos, Argelia o Egipto, ni a los de Libia, siempre recogen a los inmigrantes cerca de Italia, Malta, Grecia o España.  La guardia costera libia ya ha confirmado que estas ONGs que trabajan en el mar bordean el agua territorial Libia y embarcan a los inmigrantes que se adentran en el Mediterráneo a unas 15 millas de sus costas. No estaría de más investigar si existe una actuación fraudulenta, y si los puntos de rescate que se recogen en los diarios de abordo son auténticos, o si los rescatadores siguen a las pateras a la espera de que se sitúen en las coordenadas que más les convienen, porque llama poderosamente la atención que los rescatados acaben siempre, no del punto más cercano de salida (África), sino en los puntos de llegada que tenían marcados como destino (Europa). 

Para terminar, señalaremos otra de las paradojas que suscita la actividad de estas ONGs. Tratándose de rescatadores privados, curiosamente, la ultraizquierda, tan amiga de los servicios públicos, no confía en las Armadas ni en los servicios de rescate marítimos de las naciones ribereñas para encargarse de estas labores. Se conoce que es inaceptable que Amancio Ortega done equipos médicos para tratar el cáncer, porque, según Podemos, los millonarios no son quienes para elegir donde invierten en los servicios públicos, “son las instituciones las que tiene que decidir dónde va el dinero”, pero cuando el millonario Soros pone barcos para rescatar inmigrantes y traerlos a Europa, entonces las instituciones no tienen nada que decir ni hacer.