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Lo volverían a hacer

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Lo volverían a hacer. Lo volverán a hacer. Es un colofón deprimente para un juicio tan largo y que nunca debería haber existido.

Es natural que cada cual se haya centrado en el aspecto que más le consuela, pero no creo que de este juicio haya salido ninguna de las dos partes -el Estado y los golpistas- demasiado bien.

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Xavier Melero, abogado defensor de Joaquim Forn y Meritxel Borràs, ha citado una película de Cuerda, ‘Amanece que no es poco’, pero todo lo que ha rodeado las actuaciones de los ‘procesistas’ está mucho más cerca de Berlanga, una mezcla estridente de cursilería y sainete, de gestos dramatizados como en un cuadro del XIX sin nada que lo justificase.

Del otro lado, entiendo la perplejidad de los acusados, su estupor por el juicio, por la cárcel, por los policías desembarcados en Barcelona aquel infausto día. Porque, seamos justos -material, no formalmente justos-, las señales que han enviado todos los gobiernos de Madrid, la fatal indulgencia con los gestos más desleales, la obstinación en no ver, la voluntad de no actuar ante desafíos y balandronadas, no hacían pensar en un final así.

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Eso, quizá, sea lo más deprimente de este desgraciado asunto: que la legalidad haya llegado como un trueno en un cielo claro, sin nada que la anuncie o la haga esperar.

Y de Madrid no hay nadie sentado en el banquillo.

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