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TRIBUNA

Zidane. El regreso

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Esas miradas perdidas al césped, mientras los futbolistas iban al trotecillo lento, buscando alguna respuesta al “¿a qué juega el Real Madrid?”

Lunes. 20.08 horas. Zidane entra de nuevo a la Sala de Prensa del Real Madrid acompañado de Florentino Pérez. Cinco horas antes, los aledaños del Bernabéu se encontraban cada vez más colapsados por grupos de periodistas, aficionados, curiosos y demás fauna. Entrar en la sala ya casi era un esfuerzo con algún codazo, algún perdón por pisotón, un retroceder, un volver a avanzar. Y, ya. Consigues entrar de pleno al templo blanco.

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Noche con ambiente de grandes ocasiones. Zidane volvía a casa y se sentía como en casa. Suelto. Fresco. Desinhibido… No había duda viendo los jeans rotos con los que se presentó. ¡Y pensábamos que aquella entrevista de Beckham descalzo, recién llegado a Madrid, era insuperable! Lo de Zidane fue un déjà vu, fue como aquel “un año más en el lugar de siempre, en la misma ciudad y con la misma gente”, que cantaba Juan Gabriel. ¿Quién dijo que segundas partes nunca fueron buenas? Recuerdo que Antonio Banderas, con esa verborrea que luce a diario, dijo algo así como que ahora, ya cincuentón, “empezaba la segunda parte del partido de su vida”. Y, tenía toda la razón. El Real Madrid lleva demasiado tiempo sin cuajar faena y parece que Zinedine Zidane será el bálsamo de Fierabrás. Volvemos a las respuestas rápidas, directas, cortitas y al pie, a las sonrisas y a sus tajantes y sin remilgos “de puta madre”. Efectivamente, no defraudó: “Tampoco me he ido muy lejos porque vivo aquí” o sus primeras palabras tras acabar Florentino: “No tengo nada que decir”. Hay que quererle…

Cuando ya era tan evidente la falta de disciplina, la falta de ilusión y sólo destacaban las individualidades… era el momento de empezar de cero. Zinedine consiguió que los madridistas terminaran ayer hipermotivados. El ‘efecto Zidane’ lo llaman. “La ilusión que tengo de volver a entrenar nadie me la va a quitar”; “lo que me anima es que tengo ganas”; “este club impone. Entrenar es una cosa, entrenar al Real Madrid es otra cosa”.

Y es que, observabas las caritas de los aficionados en sus asientos últimamente y eran una agonía. Bañados en sudor (exagera que algo queda…). Aortas a punto de explotar en algunos cuellos. Camisas de cuadritos Vichy (¿qué necesidad hay?) en hombres transpirando tal Vesubio a punto de explosión. Esas miradas perdidas al césped, mientras los futbolistas iban al trotecillo lento, buscando alguna respuesta al “¿a qué juega el Real Madrid?” para acabar con una sensación más parecida al que mira una pared blanca. Nada. Nothing. Y no era por esta casi primavera fuera de sí. Lo del Bernabéu no era ‘caloret’ preFallas, vivíamos ya al punto del ‘socarrat’. Zidane ha llegado a tiempo, Sergio Ramos ya daba el lunes síntomas al borde de un ataque de nervios, ahora que vuelve Almodóvar también, con desdoblamiento de personalidad entrevistándose a sí mismo… (¿qué fue del periodismo?)

Y, la cara de Florentino ayer era otra. Resucitado. Agradecido. Emocionado (Gracias por venir). Tragando saliva. Y ajustándose ese nudo de la corbata que le apretaba demasiado unas horas antes. ¡Y hablando exultante a los periodistas al salir de la presentación! Nada que ver con aquella desolación absoluta de la despedida, “le quise siempre como a nadie y le querré siempre cerca”, como salido de esa multitud en la que Ingrid Bergman, desesperada, terminaba arrastrada en ‘Te querré siempre’. Cuentan que irse es siempre más fácil. De lugares, de situaciones insalvables. Irse del Madrid no es fácil. Algo me comentan algunos del frío que hace fuera. Volver puede costar algo más. Porque las situaciones han cambiado. Los armarios están vacíos y hay que volver a llenarlos. Y los corazones están heridos. Esos aficionados deambulando como zombies asumiendo la debacle a lo Josep Pla: “La vida es una cosa complicada y difícil, imposible de describir, que consiste en ir tirando”. Pssh, ahí vamos… tirando, te decían en la barra del bar. Los más fieles, que podrían cantar el “I can’t get no Satisfaction” de los Rolling Stones, merecían más. Acudir cada tarde a ver al equipo blanco se estaba convirtiendo ya más en un estado de ánimo.

La situación ya nos estaba sonando peligrosamente a aquello que escribía Hughes (ABC), en 2016, cuando cayó Benítez y sin poder despedirse se presentó a Zidane: “Allá por el año 2000 fue la regla de no fichar centrales, luego los Zidanes y Pavones, luego los entrenadores de perfil bajo. Ahora sirve cualquiera, todos se encuentran una plantilla desequilibrada y la jerarquía e inercia del vestuario. El Madrid no juega exactamente al fútbol, juega a lo que Florentino cree que es el fútbol. Ahora el florentinismo, agotado, vuelve a Zidane, por quien empezó…”.

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Con una situación insostenible, Zidane (ahora sí) impone sus condiciones… Quien dijo que segundas partes nunca fueron buenas no conocía a Zinedine…