Francàs y Alejo analizan el debate sobre el uso del catalán como “lengua propia” en el Parlament y advierten del peligro implícito: si se declara al catalán como lengua propia, el castellano queda implícitamente como “impropia”, y viceversa. Para ellos, ambas lenguas son oficiales y propias de Cataluña, por lo que la distinción es absurda y polarizadora.
Señalan además que el impulso de usar el catalán en foros como el Congreso de los Diputados o en la Unión Europea obedece a intereses políticos y a presiones de partidos independentistas como Junts o ERC sobre el PSOE. En el Congreso, explican, esta medida no saldrá adelante sin el apoyo del PP, algo que nunca ocurrirá porque el PP necesita mantener buenas relaciones con socios como el PNV o Coalición Canaria, no con Vox.
Ambos apuntan a una estrategia a largo plazo del nacionalismo catalán: mantener una independencia “de facto” sin declararla formalmente. Esto les permitiría seguir recibiendo los beneficios de pertenecer a España y a la Unión Europea —seguridad, fondos, acceso a mercados— pero con el Estado español prácticamente ausente en la gestión cotidiana.
Francàs y Alejo denuncian que en Cataluña y el País Vasco muchos gastos deficitarios son cubiertos por el resto de España, desde las pensiones hasta los sueldos de los Mossos d’Esquadra o incluso la financiación de TV3. Y remarcan que, aunque la Constitución exige solidaridad entre territorios, en la práctica se negocia un “cupo” que no cubre ni de lejos lo que estas comunidades reciben.
Su conclusión es clara: el modelo actual favorece una independencia encubierta, muy rentable para el nacionalismo, que nunca buscará la independencia real porque perdería esos privilegios.
