China trabaja en el desarrollo de un útero artificial con el objetivo de ayudar a parejas infértiles, una tecnología que simularía el embarazo desde la concepción hasta el parto y que ya cuenta con antecedentes en investigaciones como la realizada en 2017 en Filadelfia con un cordero prematuro. El proyecto, impulsado por universidades chinas en colaboración con investigadores de Singapur, plantea importantes debates éticos sobre el origen de los óvulos y espermatozoides utilizados, así como sobre los posibles riesgos de un uso distorsionado de esta innovación. Mientras algunos expertos lo ven como un avance médico, otros advierten del peligro de que se convierta en una distopía tecnológica, con aplicaciones que podrían deshumanizar la maternidad.
