A nivel mundial, la dimensión del problema es devastadora. Con más de 57 millones de afectados hoy, la Organización Mundial de la Salud prevé un horizonte asfixiante. Sin embargo, tras cada estadística hay una tragedia compartida, un impacto familiar brutal que devora el tiempo, la salud mental y los recursos de millones de cuidadores que sostienen, en la sombra, la atención diaria de sus seres queridos. La ciencia ha logrado por fin derribar un muro que parecía insuperable tras más de dos décadas de sequía terapéutica. El desarrollo de los nuevos anticuerpos monoclonales ha abierto una brecha de esperanza. No curan, pero hacen algo trascendental: frenan la progresión del deterioro cognitivo en las fases tempranas. Por primera vez en la historia, se ofrece una herramienta real para ganar tiempo de calidad. Sin embargo, el acceso a este avance se ha topado de frente con el muro de la burocracia y la insensibilidad política. Mientras la Agencia Europea del Medicamento avala estas terapias y otros países europeos avanzan en su incorporación, la Comisión Interministerial de Precios de Medicamentos y Productos Sanitarios ha rechazado por segunda vez su financiación pública en España. La decisión de no dar cobertura a estos fármacos rompe radicalmente con el principio de equidad de la sanidad pública. Son pocos los que pueden costearse el tratamiento. Al frente de esta decisión se encuentra la ministra de Sanidad, Mónica García. Es inconcebible que quien abandera la defensa de lo público escude el rechazo en que el beneficio es muy limitado o en que el coste es muy elevado para el valor clínico que aporta. La respuesta no se ha hecho esperar y la Confederación Española de Alzheimer y otras Demencias (CEAFA), arropada por más de 500 afectados, familiares y profesionales, le ha lanzado un mensaje directo e insoslayable a la ministra: «No podemos esperar más». Resulta profundamente doloroso comprobar cómo la retórica sobre la sanidad universal y la justicia social se desmorona a la hora de la verdad. Negar la financiación de las únicas terapias capaces de ralentizar la enfermedad es dar la espalda a los enfermos y abandonar a sus familias a su suerte. Cuando la ciencia por fin ofrece una puerta a la esperanza, la obligación de un Gobierno no es cerrarla dando un portazo, sino hacer todo lo posible para que cruzarla esté al alcance de todos. Además, conocemos dos importantes noticias; la citación de Begoña Gómez a juicio y la de las hijas de Zapatero. En la mesa del análisis: Miguel Ángel Gómez, Julio Ariza, Luis del Pino, Miguel Robledo.
