Esta fijación por gobernar por la vía del tráfago legislativo y la excepción permanente muestra a un dirigente dispuesto a cualquier maniobra con tal de conservar el poder. Si en su día prometió traer de vuelta a Carles Puigdemont para sentarlo ante la justicia y acabó entregándole la amnistía a cambio de sus votos para la investidura, la incógnita resulta obvia y alarmante: si es capaz de perdonar a un fiscal general condenado para salvar el relato, ¿Cuál será la siguiente cesión para asegurarse unos cuantos años más en el Palacio de la Moncloa? ¿Un referéndum de autodeterminación en Cataluña? El patrón de saltarse al Legislativo mediante argucias reglamentarias no es nuevo, pero en este periodo preelectoral alcanza un cariz crítico. Ahí está el caso del rescate financiero a RTVE. Tras el sonoro varapalo sufrido en julio, cuando el Congreso de los Diputados tumbó la fórmula inicial para compensar los tributos no deducibles de la corporación pública, el Ejecutivo pretende ahora aprovechase del periodo entre legislaturas para colar un Real Decreto. A este escenario de decretazos e intervenciones se suma el intento de condicionar el marco judicial y electoral. Mientras minimiza la corrupción real que salpica a su entorno tildándola en parte de ficción mediática y judicial, Sánchez no duda en dirigirse al Tribunal Supremo para exigirle de forma apremiante que resuelva el derecho al voto de los afectados por la suspensión de la ley de nietos. ) En definitiva, estamos ante la fase más delicada de la legislatura. Cercado por las decisiones judiciales y con las Cortes disueltas, el presidente del Gobierno liquida los contrapesos democráticos en una carrera a la desesperada. Un escenario que convierte estas ocho semanas previas a las urnas en el momento más peligroso de la política española. En la mesa de ‘Dando Caña’: Isaac Parejo, Álvaro Ballarín, Josep Maria Francàs y Rubén Herrero.
