La suma de la invasión terrestre en el Tarajal, el asedio naval con buques de guerra y la instrumentalización de la flota pesquera dibuja una maniobra de guerra híbrida cuyas principales incógnitas continúan sin despejarse. El primer ataque fue el visible: la marea humana agolpada en la frontera terrestre y las playas ceutíes. Sin embargo, mientras miles de personas cruzaban el espigón del Tarajal, en el ámbito marítimo se ejecutaba una estrategia de presión calculada. El segundo elemento lo constituyó la penetración no autorizada de la Marina Real marroquí en aguas de soberanía española. Durante los días más críticos de finales de julio, Rabat movilizó al menos una fragata y varias patrulleras, entre ellas el Mohammed VI, buque insignia de la flota alauita. Las incursiones comenzaron el 30 de julio, pero la respuesta naval española demoró días en visibilizarse en la ciudad autónoma: el Buque de Acción Marítima Rayo, enviado desde Canarias, no arribó a Ceuta hasta el 3 de agosto, pese a existir unidades de la Armada desplegadas previamente en el área del Estrecho. Fue necesaria la posterior movilización de las fragatas Santa María y Navarra, procedentes de la base naval de Rota, para que la presencia marroquí finalmente cesara. El tercer elemento, hasta ahora desconocido, completa la fotografía del conflicto. Las autoridades españolas interceptaron instrucciones directas orientadas a que pesqueros marroquíes se adentraran ilegalmente en aguas de Ceuta de manera coordinada. La simultaneidad de estos tres vectores (migratorio, militar y civil instrumentalizado) anula la hipótesis de la casualidad. Además, conocemos la última hora sobre la juez Biedma, y cómo afectaría la unión de PP-Vox en las próximas elecciones desde el Senado. En la mesa del debate contamos con José Ramón Riera, Luis del Pino, Josep María Francàs.
