Detrás de este salto cualitativo se encuentra el último y demoledor informe de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil. La reconstrucción de los agentes deja de lado las meras represalias reputacionales para adentrarse en terreno penal punible de la máxima gravedad: contactos directos con el entorno del narcotráfico y testimonios explícitos que apuntan a una estrategia para eliminarla físicamente. La clave reside en las declaraciones de testigos como Cintia Rocho, vinculada a clanes de Badajoz, quien reveló a la UCO cómo uno de los colaboradores de la ‘fontanera’ socialista Leire Díez llegó a afirmar que a la jueza había que eliminarla. Todo ello bajo la sombra de aquella inquietante anotación hallada en la agenda de Díez que hoy cobra un sentido tan macabro como revelador. Conviene recordar cuál fue el desencadenante de semejante maquinaria de persuasión y hostigamiento. Beatriz Biedma cometió el atrevimiento de hacer su trabajo. Le tocó la instrucción contra David Sánchez Pérez-Castejón y no miró hacia otro lado: formuló las preguntas incómodas sobre la verdadera actividad de la Oficina de Artes Escénicas, analizó con rigor más de 64.000 correos electrónicos y mantuvo la firmeza contra viento y marea, resistiendo las presiones procesales y los embates de una Fiscalía empeñada en restar trascendencia al asunto. La causa, que acabó saldándose en la Audiencia Provincial con nueve años de inhabilitación por prevaricación para el hermano del presidente, convirtió a la juez en el objetivo prioritario del aparato paramilitar de Moncloa y Ferraz. Lo que revela este episodio supera cualquier límite admisible en una democracia funcional. Cuando un partido en el poder es capaz de tejer una red paralela con exmagistrados expulsados, fontaneros de partido, maniobras y presuntos encargos al entorno del crimen organizado con tal de blindar a la familia del presidente y salvar el cuello político, la frontera de la institucionalidad queda pulverizada. No se trata solo de desarmar a una jueza incómoda; se trata de lanzar un aviso a navegantes al conjunto del Poder Judicial. El mensaje implícito del sanchismo y sus satélites es inequívoco: quien ose investigar al entorno de la Presidencia no solo se expone a la muerte civil y al linchamiento mediático, sino a que los tentáculos de la ‘cloaca’ llamen a la puerta de su vida privada. Además, conocemos la última hora sobre la declaración de Beatriz Biedma y el papel del rey en su visita a Ceuta. En la mesa de ‘Dando Caña’ contamos con: Marcos de Quinto, José Ramón Riera, Julio Ariza, Josep Maria Francàs y Roberto Marín
