Apenas veinte minutos después de escuchar a Marlaska, Margarita Robles, todavía en sede parlamentaria, volvía a responder. Y lo hacía dejando una frase que desmontaba precisamente ese argumento: las comunicaciones de inteligencia no siempre se realizan por escrito. Y ahí quedó la cosa. De momento. Porque estamos únicamente ante la primera de las ocho comparecencias previstas y ya tenemos a dos ministros del mismo Gobierno contradiciéndose públicamente sobre una cuestión esencial. ¿Hubo aviso del CNI o no lo hubo? No puede haber dos respuestas. Si el CNI avisó el día 29, como sostiene Margarita Robles, habrá que explicar quién recibió esa información, hasta dónde llegó y, sobre todo, qué se hizo con ella. Si esa información llegó a la Delegación del Gobierno, habrá que saber si fue trasladada a Interior. Y si llegó a Interior, habrá que explicar por qué no se tomaron medidas suficientes para reforzar la frontera antes de que Ceuta quedara completamente desbordada. Pero si ese aviso nunca existió, entonces será Margarita Robles quien tenga que explicar por qué ha asegurado en el Congreso que los servicios de inteligencia sí informaron. Porque aquí solo cabe una versión. La real. La que explique qué sabía el Gobierno, cuándo lo sabía, quién recibió la información y por qué, pese a todo, ocurrió lo que ocurrió. La posición de Margarita Robles parece no haber sentado especialmente bien en Moncloa. Pero más allá de las guerras internas, de los matices sobre informes escritos o comunicaciones verbales y de los intentos por proteger la gestión de cada ministerio, queda una imagen difícil de justificar. También descubrimos los cambios de la DGT y la complicada situación que atraviesa el campo de España. En mesa: Miguel Robledo, Ignacio Hoces, Josep María Francas y Javier Sastre.
