El balance en la cúpula ferroviaria es revelador. Por un lado, el desmantelamiento de los perfiles técnicos. Los sindicatos del sector, entre ellos el Sindicato Español de Maquinistas y Ayudantes Ferroviarios, han denunciado de forma reiterada la expulsión de cuadros técnicos con décadas de experiencia en el ferrocarril para sustituirlos por gestores de transporte por carretera o cargos públicos generalistas.
Están también las 28 incorporaciones a dedo en Renfe. Durante los primeros siete meses del mandato de Heredia, se ejecutaron hasta 28 cambios directivos en áreas críticas como Explotación, Viajeros, Mercancías, Estrategia o Recursos Humanos, con un coste superior a los 2,5 millones de euros. Un reparto de cuotas partidistas. Y es que la reestructuración sirvió para colocar a perfiles vinculados a formaciones políticas como Sumar o procedentes de administraciones municipales afines.
Y luego la colonización de la cúpula de Adif. La sustitución de criterio técnico por afinidad política se repitió en el administrador de infraestructuras, donde Puente apartó a especialistas de carrera para situar a cuadros de su partido.
Casos como el de Salvador Almenar (de la ejecutiva del PSPV) como jefe de gabinete, Joan Calabuig al frente de la coordinación del Corredor Mediterráneo, o Martín Navarro en la coordinación adjunta, son solo el encabezado de un listado de más de una docena de nombramientos marcados por el carné político. Cuando las decisiones estratégicas de un sector tan crítico y sensible como el tren se subordinan al amiguismo, la colocación de perfiles ideológicos y el arrinconamiento del personal cualificado, la degradación del servicio deja de ser una casualidad para convertirse en una consecuencia predecible.
La gestión pública no puede sustentarse en la política de agencia; cuando la seguridad falla, el origen del problema está en el despacho de quien decidió cambiar la experiencia técnica por el favor partidista.
Además, descubrimos las últimas declaraciones de Óscar Puente tras la tragedia de Urda donde ha explicado que la caída del sistema LZB es algo que no es infrecuente y sobre su dimisión deja claro que su forma de asumir esta situación es dando la cara, sin esconderse.
En la mesa del debate de hoy: Marcos de Quinto, Josep Maria Francàs, Álvaro Ballarín, Rodrigo Rato
