La marcha de Puente no ha sido un movimiento preventivo ni de laboratorio; ha sido la consecuencia inevitable de una crisis insostenible. Seis días después de la tragedia de Urda, que se suma a la catástrofe ferroviaria de Adamuz, el ministro intentó justificar su renuncia bajo los parámetros de la «dignidad política, coherencia y empatía». Sin embargo, la tardanza del gesto, forzado tras comparecencias maratónicas y un aislamiento casi total, contrasta con la realidad del desgaste electoral: las encuestas internas del socialismo ya certificaban la sangría de medio millón de votos en tan solo una semana. Desde Moncloa se ha pretendido envolver la renuncia en una épica de la responsabilidad pública, articulando agradecimientos que sonaban más a alivio institucional que a sincera gratitud. Se enmascara en las filas socialistas el agradecimiento implícito por asumir el desgaste personal, el mutismo y las culpas de un sistema ferroviario colapsado que acumula 116 víctimas mortales en diez meses. La salida de Puente desvela, sin embargo, una grieta mucho más profunda e irreparable en la arquitectura del poder socialista. Puente no era un ministro más; constituía el último baluarte del núcleo duro que acompañó a Pedro Sánchez desde las primarias y la moción de censura de 2018. Con su dimisión, el grupo de máxima confianza del presidente queda formalmente extinto, reducido a cenizas tras un periplo gobernado por el escándalo y el desgaste institucional. Antes de este episodio cayeron las piezas maestras de la fontanería sanchista. José Luis Ábalos, muñidor de pactos y todopoderoso secretario de Organización, fue devorado por las tramas de corrupción que salpicaron al Ministerio. Le siguió Santos Cerdán, negociador en Waterloo y artífice de las alianzas parlamentarias de la investidura, cercado de igual modo por causas judiciales. La fallida cadena de custodia del partido intentó recomponerse con Paco Salazar, apartado antes de consolidar su ascenso al verse salpicado por denuncias de acoso en el entorno institucional. A este reguero de bajas se sumó la quema del activo político que representaba la interlocución de José Luis Rodríguez Zapatero, dejando al presidente sin parapetos políticos ni perfiles con arraigo entre la militancia. El aislamiento en el Consejo de Ministros es hoy absoluto. Las carteras técnicas o los perfiles de perfil bajo no logran disimular que el círculo de decisión estratégica se ha evaporado. Con una precampaña que exige explicaciones en lugar de consignas, el sanchismo llega al tramo decisivo de la legislatura sin la guardia pretoriana que lo construyó y sin margen para el relato. La sangría de perfiles de máxima confianza dibuja la radiografía final de una etapa política. El presidente del Gobierno afronta la contienda electoral más compleja de su mandato tras haber visto cómo la descomposición interior cercenaba uno a uno a sus referentes. Sánchez ha perdido a todo su núcleo duro por corrupción, mala gestión y muertos Asimismo, conocemos el duro testimonio de Alejo Vidal-Quadras y la reclamación del alcalde de Boadilla a Sánchez. En la mesa del análisis: Javier Sastre, Miguel Ángel Durán, Josep Maria Francàs y Carmen Lovelle.
