Moncloa ha dado un salto cualitativo al calificar a magistrados del Tribunal Supremo de «salvapatrias», «lobos solitarios» o de cometer auténticas «salvajadas». Cuando la gestión política no se sostiene por sí misma y los tribunales empiezan a cercar el entorno más íntimo de La Moncloa, el manual de supervivencia es tan antiguo como predecible: buscar un enemigo externo y construir una narrativa de persecución
