La investigación judicial sobre la riada en la Comunidad Valenciana, que dejó más de 200 víctimas mortales, ha puesto en entredicho la gestión de las alertas meteorológicas. El jefe de la Aemet en la región, José Ángel Núñez, reconoció ante la jueza de Catarroja que no se emitió aviso a tiempo pese a que aquel día se registraron más de 400 litros por metro cuadrado, un volumen que disparaba todas las alarmas. Núñez, que también reiteró esta versión en una entrevista a un medio valenciano, admitió haberse equivocado al asegurar previamente que, a diferencia de la riada de 1957 —con 81 fallecidos y sin previsión meteorológica—, hoy la tecnología impediría tragedias similares. Sin embargo, la alerta llegó tarde y no evitó el desastre.
