Lo que debería haber sido una celebración del deporte se ha visto empañado por manifestaciones violentas propalestinas en las calles, que han puesto en riesgo la integridad física de los ciclistas y de los propios espectadores. Un evento de prestigio internacional, que normalmente destaca por su organización y la pasión por el ciclismo, se ha convertido en escenario de conflictos políticos. La Vuelta, tristemente, ha sido instrumentalizada para enviar mensajes políticos en lugar de centrarse en el deporte, generando críticas tanto dentro como fuera de España. Lo que debería haber sido una oportunidad para mostrar lo mejor de nuestro país se transforma en portada internacional por episodios de desorden y peligro. El Gobierno central ha alentado las protestas.
