Cuando pensamos en la Costa del Sol, solemos imaginar playas paradisíacas, lujo y tranquilidad. Pero en los últimos años, esta zona de Málaga se ha convertido en un enclave estratégico para el crimen organizado a nivel internacional.
Mafias de los Balcanes, Rusia, Europa del Este, China, Italia, Irlanda, Latinoamérica e incluso la temida moro mafia han instalado aquí sus operaciones. La cercanía con Marruecos —principal exportador mundial de hachís—, el anonimato que ofrece el ambiente de lujo, y la facilidad para cerrar acuerdos entre bandas criminales han hecho de esta región un punto neurálgico delictivo.
La violencia se ha disparado: en 1991 solo había un fiscal destinado a esta zona; ahora son más de quince. Solo en abril se registraron cinco tiroteos, un asesinato y un cadáver maniatado. Las cifras actuales indican varios secuestros diarios vinculados al crimen organizado. El llamado «Plan Costa del Sol» ha intentado contener esta deriva, pero los resultados siguen siendo insuficientes.
¿Puede España detener esta transformación antes de convertirse en el próximo caso Suecia o Países Bajos?
