La cumbre del clima que se ha celebrado estos últimos días en Dubai ha reunido a líderes mundiales bajo la hospitalidad de los Emiratos Árabes Unidos. A pesar de que la conferencia siempre ha asegurado trabajar por la reducción del uso de combustibles fósiles, resulta irónico que se lleve a cabo en uno de los países que más petróleo produce en el mundo.
A pesar de las buenas intenciones proclamadas en el encuentro, una veintena de países, entre ellos España, China e India, han acordado potenciar la energía nuclear y triplicar la capacidad global para el año 2050. Sin embargo, China e India, dos de los países más contaminantes del mundo, han quedado fuera de la mayoría de los acuerdos.
Como es común en estas cumbres, la cadena de vicios habituales se esconde detrás de un guion lleno de buenas intenciones ambientales. A pesar de los adornos y propósitos anunciados y firmados, muchas veces estas acciones no se llevan a cabo o resultan ineficaces. Se han celebrado cumbres del clima durante años, pero la drástica reducción de ciertas emisiones sigue siendo una asignatura pendiente.
En el año 2022, se batieron récords de emisión de CO2 y contaminación durante la cumbre de Dubai. Con casi 100.000 delegados, 400.000 visitantes, 400 aviones privados y numerosas comitivas oficiales en coches, las emisiones generadas por el evento fueron equivalentes a las de una gran capital en todo un año. La hipocresía se evidencia cuando líderes mundiales, como el presidente Pedro Sánchez, movilizan múltiples aeronaves militares para asistir a la cumbre en la que se aboga por la no contaminación.
Mientras tanto, los ciudadanos comunes deben hacer sacrificios como ir en bicicleta al trabajo, abstenerse de usar aire acondicionado en verano y pagar impuestos verdes, mientras observan con escepticismo la aparente desconexión entre las palabras y las acciones en estas cumbres del clima.
