En Madrid, portar una estrella de David ya supone un riesgo real de ser agredido. Lo más grave, sin embargo, no es la violencia de los radicales, sino la inacción de las fuerzas del orden, atadas por órdenes políticas del Gobierno. Se denuncia que los alborotadores actúan como el verdadero brazo armado de Moncloa, mientras Sánchez utiliza el conflicto palestino-israelí como cortina de humo para tapar sus casos de corrupción. Desde el reconocimiento de Palestina hasta la manipulación de las protestas en Cataluña, País Vasco y Madrid, todo apunta a una estrategia peligrosa que normaliza la kale borroka y pone en jaque el Estado de Derecho en España.
