Esta misma semana hemos conocido que el Tribunal Supremo ha avalado buena parte del nuevo Reglamento de Extranjería impulsado por el Gobierno. Una normativa que amplía las vías de regularización y flexibiliza determinados requisitos para acceder a permisos de residencia. No se mirarán los antecedentes penales para la reagrupación familiar. Una decisión que llega precisamente en un momento en el que cada vez más españoles sitúan la inmigración y la seguridad entre sus principales preocupaciones. Durante años se ha intentado convertir cualquier debate sobre inmigración en un asunto tabú. Quien planteaba dudas era acusado de alarmista o incluso racista. Quien pedía más control fronterizo era señalado. Quien reclamaba más firmeza frente a los delincuentes extranjeros era automáticamente etiquetado. Pero la realidad siempre termina imponiéndose a los eslóganes. Y la realidad nos dice que la inmigración solo funciona cuando va acompañada de integración, de respeto a las leyes y de mecanismos eficaces de control.
