El terrorismo, con su capacidad para matar, coartar y violentar, representa una amenaza que socava los fundamentos de la sociedad. Sin embargo, para el gobierno de Pedro Sánchez, la definición de terrorismo parece sufrir una peculiar metamorfosis. En su visión, el terrorismo no merece tal calificación a menos que viole de manera grave los derechos humanos. En otras palabras, si un terrorista comete un atentado, pero aparentemente no tenía la intención de hacerlo, se desliza hacia una nueva categoría conceptual: el «terrorismo bueno» o «terrorismo light», según algunos lo han denominado recientemente.
