A las puertas del Congreso, 47 sillas. 47 nombres. 47 ausencias. Es la imagen que hoy han querido dejar las víctimas del descarrilamiento de Adamuz: la de quienes ya no están y la de quienes sienten que tampoco están siendo escuchados. Mientras dentro comenzaba la sesión de control, fuera, cerca de un centenar de personas, familiares, afectados y víctimas de otros accidentes ferroviarios, reclamaban responsabilidades. Gritos de dimisión dirigidos al ministro de Transportes, Óscar Puente. Y una petición muy concreta: que alguien, dentro del hemiciclo, lea su manifiesto. Que alguien, en definitiva, les escuche. Pero ni el presidente del Gobierno estaba presente, ni el ministro salió a atenderlos.
