En España se acumulan los datos, pero no siempre se acumulan las respuestas. Y, mientras tanto, el mercado laboral empieza a dar señales que invitan más a la preocupación que al optimismo. El primer gran informe de Funcas sobre el impacto de la inteligencia artificial dibuja un escenario claro: en la próxima década podrían desaparecer hasta 2,3 millones de empleos. En el mejor de los casos, se crearán 1,6 millones. Es decir, incluso en la previsión más favorable, el saldo será negativo. Menos empleo del que había. No se trata de una hipótesis lejana. Los primeros indicios ya están aquí. Sectores como el tecnológico han comenzado a recortar plantillas, mientras la propia Encuesta de Población Activa refleja caídas en áreas clave como la información y las comunicaciones. Y lo más relevante: esta vez no son los empleos más precarios los que están en riesgo, sino los perfiles medios, los administrativos, los técnicos… esa clase trabajadora que había resistido anteriores crisis.
