Hay cumbres en las que un líder llega para influir. Y hay cumbres en las que llega para justificarse. Pedro Sánchez pertenece hoy al segundo grupo. Arranca la cumbre de la OTAN y en ella se vuelve a evidenciar el creciente aislamiento de España dentro de la Alianza Atlántica. Mientras nuestros socios aumentan su compromiso con la seguridad colectiva en un mundo cada vez con más conflictos bélicos, el Gobierno español insiste en mantener una posición propia que ha provocado incomodidad y malestar entre numerosos aliados. España ha pasado de ser un socio fiable a convertirse en una incógnita. Y cuando hablamos de defensa, de seguridad y de compromisos internacionales, las incógnitas generan desconfianza.
