A falta de escasas semanas para la cita con las urnas del 29 de noviembre, el Gobierno entra en esa recta final donde los límites de la gestión ordinaria saltan por los aires. A Pedro Sánchez le quedan apenas ocho Consejos de Ministros antes de las elecciones, pero su intención no es precisamente la de limitarse a un papel testimonial o de trámite. Muy al contrario: el Ejecutivo planea exprimir al máximo los resquicios del marco legal para gobernar a golpe de decreto e instrumentalizar la Diputación Permanente con tal de colar el paquete de medidas que se le han quedado descolgadas por el camino.
