Groenlandia se ha convertido en una prioridad estratégica para Estados Unidos por su posición entre el Atlántico y el Ártico, el deshielo que abre nuevas rutas marítimas y sus abundantes reservas de minerales críticos, esenciales para la industria tecnológica y de defensa. Donald Trump ha defendido su control alegando motivos de seguridad nacional, mientras la isla alberga además la base estadounidense de Pituffik, clave para la vigilancia del Ártico y la defensa antimisiles. Lo analizamos con Elena Conde, profesora de Derecho Internacional Público en la Universidad Complutense, experta en el Ártica e investigadora en el ICEI.
