Hoy, el Museo de las Artes y las Ciencias se ha convertido en el escenario de un funeral de Estado que muchos califican más de “acto de imagen” que de ceremonia institucional. Banderas, discursos, cámaras… y una escenografía cuidada al milímetro. Pero, ¿era un homenaje sincero o un espectáculo programado para reforzar el relato del Ejecutivo? En nuestra mesa de debate lo analizamos sin filtros: ¿estamos ante un Gobierno que utiliza el dolor y la solemnidad para proyectar liderazgo? ¿O es el reflejo de un país cansado, que asiste con escepticismo a los gestos vacíos de sus dirigentes? La política, una vez más, se mezcla con la puesta en escena. Y el ciudadano, quizá, empieza a preguntarse si detrás del protocolo queda algo de verdad.
