Cuando no puedes caminar por la calle con tranquilidad, cuando cada esquina se siente peligrosa y la inseguridad se ha convertido en parte de la rutina. Cuando salir de casa significa estar en constante alerta, mirando a todos lados, esperando lo peor. Cuando temes dejar tu hogar solo por miedo a que alguien lo ocupe ilegalmente, y la justicia, en lugar de protegerte, parece favorecer a quienes vulneran tus derechos. Cuando las violaciones y los ataques son diarios, cuando las víctimas claman por justicia y solo encuentran indiferencia o burocracia. Cuando la impunidad es la norma y el miedo se convierte en una sombra permanente. Es en ese momento cuando el Estado ha desaparecido. Porque un Estado que no protege a sus ciudadanos, que no garantiza seguridad ni justicia, deja de ser un Estado para convertirse en un simple espectador de la desgracia.
