Julio Ariza aprovecha el asunto de las lenguas cooficiales para ponerse filosófico y recordar cómo la división, lo contrario de la unión, es el germen de todos los males, al igual que la unión es perfección.

Julio Ariza aprovecha el asunto de las lenguas cooficiales para ponerse filosófico y recordar cómo la división, lo contrario de la unión, es el germen de todos los males, al igual que la unión es perfección.
