Resulta llamativo que, frente a estos hechos, la sociedad navarra y española en general no haya mostrado la misma movilización y contundencia que en otras ocasiones. Esta falta de reacción pública plantea interrogantes sobre la coherencia del discurso político y social en torno a la defensa de las víctimas. Muchos ciudadanos perciben un doble rasero: una rápida condena y movilización cuando los agresores encajan en ciertos perfiles, y un silencio incómodo cuando los acusados pertenecen a colectivos considerados vulnerables o protegidos.
