Cada día, doce personas son asesinadas simplemente por creer en Jesús. No es una cifra simbólica: es el retrato más crudo del mayor genocidio de nuestro tiempo. Según la Lista Mundial de la Persecución 2025, 4.776 cristianos fueron ejecutados el año pasado. Cuatro mil setecientas setenta y seis vidas segadas en un planeta que presume de derechos humanos, progreso y diversidad. Nigeria se ha convertido en el epicentro de esta tragedia. Entre enero y agosto de este año, más de 7.000 cristianos han sido asesinados por Boko Haram, las milicias fulani y el Estado Islámico de África Occidental. Aldeas enteras arrasadas, iglesias reducidas a cenizas, niños secuestrados por el simple hecho de rezar.
