Los órganos judiciales se han convertido en tentáculos del gobierno de turno desde que los nombramientos por intereses se han hecho un hueco en el día a día político. Colocar a Cándido Conde-Pumpido como presidente del Tribunal Constitucional o a Dolores Delgado (exministra de Sánchez) Fiscal General del Estado nada más salir del ejecutivo son perfectos ejemplos de ello.
