Fernández advierte que el crecimiento del PIB se sostiene artificialmente gracias a la demanda interna, mientras las exportaciones caen y el ahorro de los contribuyentes se agota. Describe la economía como en “encefalograma plano”, con cifras estables, pero sin verdadero impulso. Y plantea dudas sobre la sostenibilidad del modelo sin subidas salariales ni bajadas de precios.
