Suena la alarma en el reloj de Pedro. En enero puso en marcha el indulto para el ex fiscal general, Álvaro García Ortiz. Esa perversión que supone saltarse lo decidido por la justicia debe consumarse antes de las elecciones. La justicia determinó que García Ortiz debía ser inhabilitado durante dos años por revelar secretos del novio de Ayuso. El Gobierno y sus fanatizados defensores aseguraron entonces que el fiscal solo combatía el delito. Alvarito fue el fiscal general del «todo vale» por una causa política: una especie de hooligan judicial al servicio del poder.
