Los japoneses estaban dispuestos a luchar hasta el último hombre al final de la Segunda Guerra Mundial pese a no tener posibilidad alguna de victoria. Los nipones se quedaron sin aviación, sin flota y sin suministros por el bloqueo naval americano. Pese a todo estaban dispuestos a luchar en tierra con lo que pudieran y a no rendirse bajo ningún concepto. Esto es lo que predica el Bushido que regía la vida de los samuráis en el Japón medieval y que fue resucitado en esta ocasión. Lo explican Francisco Bendala, teniente coronel retirado, y Miguel Gutiérrez, presentador de Tiempos Modernos.
