En plena crisis de corrupción en el Gobierno, la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, esquiva cualquier explicación y convierte una entrevista de 30 minutos en un monólogo centrado en su experiencia personal. Con declaraciones egocéntricas y un lenguaje poco institucional, ignora el caos ferroviario de hace dos días, mostrándose afectada solo cuando ella misma se ve implicada.
