Salvador Illa cumple un año como presidente de la Generalitat, pero su mandato se ha caracterizado por la inestabilidad y las constantes cesiones al separatismo y a la extrema izquierda. Designado por Sánchez con el mandato de ceder ante ERC para garantizar la estabilidad en Madrid, Illa ha visto cómo ERC y los Comunes han impuesto sus demandas en fiscalidad, vivienda y competencias, lo que incluso llevó al fracaso de los Presupuestos y una inestabilidad parlamentaria histórica. Entre las principales concesiones destacan la creación de una Hacienda catalana y el traspaso de Rodalíes y la negociación de competencias policiales, todo asumido sin resistencia por Illa, que ha actuado más como delegado de Sánchez que como presidente de Cataluña.
