Mucho antes de que Roma trazara sus calzadas, ya existía un surco natural que atravesaba por el oeste de la península de sur a norte: un pasillo entre montañas que incluso los pueblos tartesios usaban para comerciar plata y estaño con la meseta en el siglo VII a. C.
Roma entendió esta ruta. La aprovechó, empedró y la convirtió en una de las grandes arterias de Hispania. Paradójicamente, ese eje comunicacional vital en el pasado, hoy se encuentra, en cierto modo, olvidado. Hoy recordamos su historia y la gran importancia que representa y puede todavía a día de hoy.
Nos lo cuenta Juan Javier Sánchez, estudiante de biotecnología e impulsor de la Vía de la Plata.
