Los patucos europeos
Cuenta Pedro en su magna obra, Libro Segundo, que cuando Von der Layen tuvo su primer nieto le envió de regalo unos patucos, y ahora la Comisión, sin duda conmovida por el gesto, ha decidido hacer extensible el regalo a todos los europeos por estas fiestas (¿Navidad? ¿Qué Navidad?).
Los patucos de la Comisión, presentados por el comisario europeo de Comercio Interior, Thierry Breton, no son materiales, pero lanzan el mismo mensaje: están aquí para cuidarnos y tratarnos como a niños de teta.
De un tiempo a esta parte todas las medidas y mensajes de Bruselas tienen ese sabor a madre psicópata sobreprotectora salida de una pesadilla de Stephen King, madre castrante que disfraza de amoroso desvelo su sadismo controlador. Lo hacen por nuestro bien, como un maltratador de manual, ya sea mandar nuestro dinero a estados corruptos para que sigan lanzando a su población joven a guerras inganables o empujándonos a la vacunación experimental o la ingesta de bichos (¡bendito Foulon, que solo nos animaba a comer hierba!).
Lo último ha sido amenazar a Elon Musk con el cierre de X (Twitter). Musk es, año sí, año no, el hombre más rico del mundo, y después de mandar a tomar viento a grandes anunciantes como Disney o Apple y comprometerse públicamente con la libertad de expresión es poco probable que pase por el aro. Así que el resultado más probable es la desconexión: Europa se convertiría en un continente incomunicado, como China, como la vieja Unión Soviética de la que es un remedo hipertecnológico, sonriente, 2.0.
Oh, podríamos seguir acudiendo a Instagram a deprimirnos o a Facebook a aceptar mansamente nuestra infantilización ideológica. Pero mamá Úrsula nos habrá librado del contaminante contacto con la disidencia. Y seremos felices.