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¿Será cierto que “perro que ladra no muerde»?

¿Será cierto que “perro que ladra no muerde"?
FE/EPA/Lewis Joly / POOL MAXPPP OUT

Petro aplica el leninismo en Colombia

En vano cuidarás una serpiente lo mejor posible;

en cuanto se enfade recibirás la recompensa.

Proverbio árabe

Continuamente Petro exalta la revolución y, al mismo tiempo, la paz, como si ambas pudieran coexistir. Después del sangriento caos revolucionario, se consolida el poder de quien domine con el fusil, y luego se impone una “paz”, consistente en la obediencia forzosa y la eliminación de las libertades individuales.

Así ha sido siempre, y en Hispanoamérica no va a darse la excepción, como nos lo recuerdan Allende, Chávez, Maduro y Ortega, y como lo iba a intentar el analfabeto de Castillo, con su autogolpe de Estado, y el pobre diablo de Boric con su constituyente. Este último par fracasó porque en Perú y en Chile los ejércitos no fueron emasculados.

Más hábil, y por tanto más peligroso, es Petro, quien después de demoler las Fuerzas Armadas viene preparando su autogolpe minuciosamente, con la milicianización del país a través de las guardias indígenas, cimarronas y campesinas, y con la próxima incorporación de un “colectivo” chavista de 100.000 “jóvenes de paz”.  El país no presta atención a estos preparativos, distraído por la glosolalia cotidiana, cantinflesca, incontenible, gárrula, mendaz, vulgar, procaz, fronteriza con la esquizofrenia, que hace a tantos pensar que el personaje es más de lamentar que de temer.

Al lado de la inagotable catarata de grotescos trinos aparecen también las declaraciones más siniestras, a las que el país no presta la atención debida. Muchos piensan que Petro representa solo aquello de que “perro que ladra no muerde”, de tal manera que no vale la pena preocuparse por sus chifladuras.

Pero algunos pensamos que, detrás de su insoportable cháchara y de la cantidad de sandeces que expele de manera deliberada, se esconde el propósito de que el país lo oiga “como quien oye llover”, mientras él maquina en las sombras, con los mecanismos comunistas virtuales y fácticos.  Por eso hay tanta gente que sigue creyendo que la Constitución sigue vigente y que es el infalible muro de contención.

Especialmente preocupante es el anuncio de que los gobiernos municipales deberán ser dirigidos por asambleas populares, es decir, por soviets (consejos). No hay necesidad de preguntarle a Petro cómo van a integrarse sus soviets o cómo van a proceder, porque su objetivo es estimular el caos previo y necesario para el golpe que se dará, so pretexto de acuerdo con el Eln, para el establecimiento de la “democracia popular” en Colombia.

Pasada una semana, hubo apenas dos o tres comentarios superficiales sobre esos exabruptos, y luego nadie volvió a hablar de ellos, pero Petro no dejará de implementarlos, porque están dentro de la fórmula dogmática e inalterable del manual leninista.

Se dirá que la Constitución no permite la creación de esas asambleas y que, por tanto, no debemos preocuparnos por otra de las afirmaciones irresponsables a las que nos tiene acostumbrados.

Respondo que de lo que se trata es de la organización del Estado hacia la cual vamos de manera inevitable, si Petro consolida su toma de los demás poderes, empezando por la inexorable de la Fiscalía, en muy pocos meses, cuando termine el periodo de su actual titular, y por la consolidación del Pacto Histórico en las grandes ciudades y departamentos, si no hay unión de las fuerzas democráticas en torno a candidatos únicos y viables.

Entre 1925 y 1933, pocos en Alemania “pararon bolas” a los despropósitos de un cabo psicópata, y, sin embargo…

Aquí nos puede pasar lo mismo, si, a pesar de estar advertidos sobre las intenciones de Petro y la ideología de su movimiento, continuamos desconociendo el inminente peligro, ilusionados con su salida en 2026.  Con voto y cómputo electrónicos, bajo autoridades electorales comprometidas con el régimen, esa es una apuesta poco sólida, desafortunadamente acorde con el clima nacional de despreocupación frente a los hechos más ominosos del actual gobierno.

Pero, después de las marchas, lo que se nota es un Petro atrincherado en la nueva legislación electoral y dispuesto a burlarse de los manifestantes…

Colombia es demasiado rica para que nuestros enemigos la suelten. Pero si la judicatura, los legisladores, los medios y los partidos, reaccionasen al borde del abismo, estimulados por el verdadero sentimiento nacional expresado en las multitudinarias marchas, el país, hasta ahora resignado al escándalo y al pillaje, podría encontrar el líder indispensable para su recuperación…

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