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YA NO CUELA

El pucherazo

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La causa última de la corrupción no es el ‘sistema’, ni las estructuras, ni mucho menos que no gobierne la Casta de los Puros; la causa última de la corrupción es la condición humana, eso que los cristianos llamamos ‘dogma del pecado original’. Por eso existen, o se pretende que existan, contrapoderes, controles y transparencia, porque lo otro no puede evitarse.

Pero hace décadas que entramos en la Era de la Irracionalidad, y hemos vuelto a creer que hay personas esencialmente malas y otras impecables, es decir, nos hemos apuntado a la teoría bochornosamente explicitada por Alberto Garzón cuando dijo en una entrevista televisiva que un izquierdista nunca puede ser un delincuente. Es decir, que no son una ideología, sino una nueva especie, el Homo Sinister, ejército de la luz.

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Qué poco dura la alegría en la casa del pobre, ay. Los podemitas vinieron a regenerar la cosa pública y se pusieron como locos, en cuanto tuvieron un carguillo, a colocar amigos, primos y cónyuges (en sentido amplio); entraron en política asegurando que destituirían a cualquiera de los suyos sobre el que recayera la sombra de una duda judicial y ahora presentan a una condenada por asesinato a la alcaldía de Ávila; llegaron para representar a los de abajo, a la gente de los barrios, luciendo esa estética miserabilista que les gana el voto de los idiotas y al Amado Líder le faltó tiempo para mudarse a un casoplón.

Ahora se rumorea que, quemado Iglesias, amortizado el dueño del chalet, ahora es tiempo de que el partido lo herede la madre de sus hijos, es decir, la dueña del chalet. Todo queda en casa, que la izquierda es muy de política familiar cuando se refiere a la familia propia.

Y ahora parece que le ha tocado a Ciudadanos, otro partido que llegó a la escena nacional vestido de azucena. En las primarias de Castilla y León ganó la candidata del jefe, una política que ha sido del PP toda la vida hasta ayer, pero se descubrió el pastel de un hermoso pucherazo y han tenido que nombrar al otro, Francisco Igea.

Las primarias son un disparate, pero suenan bien, que es lo importante. Son, en general, como la democracia en sentido amplio, un sistema que viste mucho y queda muy bien y complace a nuestras élites siempre que, salga quien salga, se aplique la misma política. Son un disparate porque los militantes no son los votantes, sino una parte radicalizada y minoritaria de los mismos. De modo que los militantes eligen un líder que no suele complacer al votante medio.

Sea como fuere, lo absurdo es tener un sistema solo para lucirlo cuando nada te obliga a ello, y esto es lo que ha pasado en Ciudadanos, como pasó con los ‘procesos asamblearios’ de Podemos.

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El modelo está agotado, y Podemos y Ciudadanos representaron ese voto de protesta, ese último espejismo de creer en la inmaculada concepción de un grupo de personas por el mero hecho de que así se anuncien. Y por eso vuelve Zizou al Madrid.