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Sánchez recibe a la Selección en La Moncloa tras ganar el Mundial en una recepción blindada

Sánchez recibe a la Selección en La Moncloa tras ganar el Mundial en una recepción blindada
 

El presidente del Gobierno organiza un acto de espaldas a los aficionados en los jardines del complejo presidencial para eludir los gritos de protesta registrados en anteriores apariciones públicas.

Una «Cibeles» privada en el recinto presidencial para eludir la calle

Pedro Sánchez ha recibido a los jugadores y al cuerpo técnico de la Selección Española en el Palacio de La Moncloa tras la consecución del título mundial. El formato del acto oficial ha sido una celebración blindada y reservada exclusivamente para el entorno institucional. A diferencia de los habituales festejos abiertos al público en la Plaza de Cibeles o la Puerta del Sol, el jefe del Ejecutivo ha optado por recluir el encuentro tras los muros del complejo presidencial, impidiendo la presencia de aficionados en los jardines.

Esta decisión responde a la estrategia de evitar imágenes incómodas y posibles pitos o abucheos multitudinarios contra su gestión, un ambiente de crispación que ya se ha vivido en anteriores eventos deportivos y apariciones en la vía pública. Al desplazar la atención a un entorno completamente controlado por los servicios de prensa de Moncloa, el Gobierno ha buscado proyectar una imagen limpia junto al trofeo, minimizando cualquier riesgo de protesta social.

El frío saludo institucional y el agradecimiento de Sánchez a la plantilla

Una vez dentro, los saludos con los futbolistas fueron, en su mayoría, fríos, especialmente con Álex Baena, jugador del Atlético de Madrid. Durante la breve intervención oficial, el presidente del Gobierno ha dirigido unas breves palabras de felicitación a los futbolistas y al seleccionador, destacando el esfuerzo del grupo y el impacto de la victoria para el deporte español. Entre gestos de evidente frialdad y cumpliendo con el protocolo estricto, Sánchez cerró su discurso con un escueto «gracias por venir», mientras los capitanes del combinado nacional hicieron entrega de una camiseta conmemorativa firmada por todo el plantel.

El marcado contraste entre la sobriedad del acto en Moncloa y el entusiasmo de la marea roja que aguardaba en las calles madrileñas ha vuelto a encender la polémica política. Mientras los seguidores reclamaban un recorrido en autobús descubierto por el centro de la capital para ofrecer la copa a la afición, el Ejecutivo ha mantenido el férreo cordón de seguridad para garantizar que el único foco mediático fuera el saludo oficial de los campeones del mundo en las escalinatas de Moncloa.

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