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Funeral laico o raíces desterradas

Funeral laico o raíces desterradas
Funeral laico o raíces desterradas

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Lo han consensuado sin mirar abajo, a ese montón de escombros donde descansan historias truncadas, vidas destrozadas y otras llenas de una mezcla de esperanza y terror. Abajo, dónde las manos se agarran a un rosario, o a la esperanza del cielo. Abajo vive la gente que no son ellos -los políticos-, y la gente, sencillamente, vive. Y vive sin eslóganes.

El Presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno Bonilla -del Parido Popular- y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, líder del Partido Socialista, han acordado un funeral por todas las víctimas del fatídico accidente ferroviario del pasado domingo en Adamuz, que se ha cobrado 45 vidas, y ha dejado a otros tantos gravemente heridos -10 personas aún están en una UCI-. Y la sorpresa de muchos ha sido el carácter laical del funeral. No se trata de un responso, no. Huelva acogerá el 31 de enero un homenaje de Estado a las víctimas de la tragedia en Adamuz: un homenaje de Estado para un accidente de Estado. Cómo no podía ser de otra manera, el paripé será encabezado por los Reyes.

Y la pregunta que surge es: ¿quién representa al pueblo andaluz? ¿Juanma Moreno? ¿Pedro Sánchez? ¿En base a qué se creen poderosos como para crear una disociación de tal calibre entre el deseo de las víctimas, que han llenado los medios de mensajes de esperanza y fe, entre las creencias y devociones de todo un pueblo como el andaluz, gracias al poder que ese mismo pueblo les dio?

Quieren borrar del duelo aquello que el duelo pide cuando es verdadero: trascendencia. Y sacan la baza de que España es un estado aconfesional. Sí, efectivamente, es aconfesional -que no laical-. Lo es jurídicamente. Pero ello no puede ni debe actuar como goma de borrar histórica. No convierte en clandestina la fe de un pueblo ni en extravagancia cultural lo que durante siglos ha sido lenguaje para el dolor y la esperanza.

Andalucía no es un decorado folclórico que se monta una vez al año para atraer turismo. Andalucía es una forma de estar en el mundo. Y en esa forma caben las vírgenes con lágrimas de cera, las promesas hechas a media voz, los “Virgencita, que no sea nada” que no salen en los discursos oficiales, pero sostienen más vidas que sus discursos vacíos.

¿Quién representa al pueblo cuando el pueblo llora? ¿El cargo o la costumbre? ¿El despacho o la calle? ¿De verdad alguien cree que se puede homenajear a unas víctimas ignorando la fe explícita con la que sus familias están atravesando el duelo? Estos días no han faltado palabras de esperanza, ni cruces improvisadas, ni mensajes a la Virgen. No han faltado porque no podían faltar. Porque cuando todo se rompe, el hombre vuelve a lo que le precede, rescata sus raíces. Y arrancarlas, incluso con careta de «homenaje» y música institucional, tiene algo de violencia.

Dirán que se trata de un acto institucional, pero no cabe duda de que renegar del legado cristiano nos hace más huérfanos, tanto individual como colectivamente. Nuestro legado nos construye como pueblo, y renunciar a él, nos hace menos pueblo. Quizás, incluso, más manejables, quizá. Porque en lo suyo, en lo vestido de neutro e institucional, hay primeras y segundas filas, hay disposición libre, hay elementos insignificantes elegidos por el partido de turno, y no la creencia de todo un pueblo, consensuada durante siglos. No unos bancos que se alinean todos en la misma dirección: el altar, el cielo, la Cruz que da sentido a todo.

Un funeral laico tendrá, quizás y solo quizás, más encaje jurídico en nuestro sistema actual -omitiendo aquí, porque no concierne, opinión sobre ese sistema-. Lo que resulta difícil de aceptar es que sea presentado como neutral cuando es, en realidad, profundamente ajeno: ajeno al dolor concreto, ajeno a la fe vivida, ajeno a esa Andalucía que no necesita consensos para encender una vela o rezar una letanía.

«En Huelva no se puede hacer un funeral laico, cuando en Huelva a nuestro enfermo, yo por lo menos al mío, está en las manos de la Virgen (sic). Estamos en una tierra mariana, mi hermano ha sido un milagro (…), y los milagros no los hacen los políticos, los hace el de arriba. Entonces un funeral laico en Huelva no cabe, cabe un funeral cristiano, religioso», ha manifestado una víctima.

Las víctimas han hablado. Y cuando el dolor habla, convendría -al menos por una vez- mirar abajo, donde sí: todavía se reza a Dios.

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