El expresidente francés Nicolas Sarkozy comenzó a cumplir esta semana una condena de cinco años de prisión tras ser hallado culpable de asociación ilícita en relación con el presunto financiamiento libio de su campaña de 2007.
En su llegada al centro penitenciario Prisión de La Santé, en París, las autoridades penitenciarias constataron que se circulaban vídeos en redes sociales —grabados desde el interior del centro por otros reclusos— en los que se le insultaba, se le amenazaba, se le despertaba en mitad de noche e incluso se aludía a venganzas por su implicación en el caso libio.
Ante esta situación, el fiscal de París abrió una investigación por amenazas de muerte. Tres internos fueron interrogados y se confiscaron dos teléfonos móviles en un registro realizado en la prisión.
Para su protección, Sarkozy ha sido ubicado en un módulo de aislamiento dentro de la prisión y se le han asignado dos agentes armados de seguridad permanente.
Motivos de riesgo y repercusiones
El peligro para Sarkozy tiene varios frentes: por un lado, su condición de ex-presidente y figura pública de primer nivel lo convierte en un blanco simbólico dentro del entorno penitenciario. Por otro lado, los vídeos virales de insultos y amenazas aumentan la exposición mediática y ponen de relieve las fisuras del sistema de seguridad penitenciaria.
Las imágenes que circulan muestran a otros reclusos gritándole, burlándose (“¡Sarko, ahí estás!”, “Vamos a vengar a Gadafi”), y filmando desde sus celdas, lo que demuestra que los teléfonos móviles siguen siendo un vector de riesgo dentro del establecimiento.