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Radiografía de la agitación callejera en España: células secretas y manuales para reventar protestas

Radiografía de la agitación callejera en España: células secretas y manuales para reventar protestas

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La maquinaria digital detrás de los graves altercados del pasado 24 de octubre en Barcelona —que concluyeron con 130 arrestos y cuantiosos daños materiales— responde a un esquema metódico y descentralizado de guerrilla urbana.

Un informe elaborado por la firma de inteligencia Golden Owl, ligada a la Universidad de Alicante, expone al detalle los engranajes de Blocus: una plataforma de origen opaco con ramificaciones activas en 11 comunidades autónomas y convocatorias en 18 ciudades españolas, diseñada para adoctrinar, coordinar y movilizar a jóvenes hacia el sabotaje comercial y el enfrentamiento directo con los cuerpos de seguridad.

Tras examinar más de 10.000 registros digitales en siete plataformas, los analistas identifican una operativa piramidal: la propaganda inicial se exhibe en redes masivas, la logística operativa se traslada a canales de mensajería cifrada y las directrices tácticas más violentas quedan blindadas en células privadas de acceso restringido.

Dentro de estos grupos cerrados se llegaron a difundir guías sobre cómo fracturar cristaleras de tiendas de lujo con martillos de emergencia sustraídos de autobuses, instrucciones para el empleo de defensas extensibles o táseres, y métodos para contrarrestar gases lacrimógenos.

El embudo de captación: de los lemas estudiantiles al saqueo

El reclutamiento arranca en plataformas como TikTok e Instagram bajo banderas aparentemente asépticas de reivindicación estudiantil —como mejoras educativas o reclamos de material escolar—. Estas proclamas actúan como cebo para captar a un público adolescente.

Una vez suscitado el interés, los organizadores desvían a los usuarios mediante enlaces directos y códigos QR hacia grupos de Telegram y WhatsApp. Es en esos canales donde el discurso reivindicativo se diluye para dar paso a la logística del desorden: asignación de zonas, fijación de objetivos comerciales y pautas precisas para asaltar comercios y revender material electrónico sustraído.

Códigos en clave y contramaniobras ante el cerco policial

La presión de las fuerzas de seguridad —que ya forzó la clausura judicial de canales como Blocus-BCN por parte de los Mossos d’Esquadra y el CITCO— obligó a la plataforma a replegarse en Madrid, donde canceló formalmente sus convocatorias de fin de mes tras detectar infiltraciones de agentes de la Policía Nacional.

No obstante, los servicios de información mantienen la alerta máxima. Los informes revelan que integrantes de la red plantearon adelantar las incursiones al 30 de octubre para eludir los refuerzos antidisturbios y pillar a los establecimientos con más existencias.

Asimismo, los implicados han mutado su lenguaje operativo hacia términos inocuos: frases como «tomar un té matcha» o «hacer yoga en parques» han reemplazado en los chats a las instrucciones directas de saqueo para despistar a los algoritmos de monitorización policial.

Mimetismo táctico con Francia y descarte de injerencia exterior

La infraestructura técnica de Blocus se cimentó en un reciclaje exprés de cuentas: solo el 19 de octubre se modificaron o crearon ocho perfiles en menos de 16 horas para dinamizar la protesta de Barcelona, recurriendo a cartelería generada con inteligencia artificial para simular mayor implantación.

Aunque el patrón replica la oleada francesa de los «Lycées Indignés» —e incluso el propio término Blocus procede del país vecino—, las áreas de Información descartan por ahora la injerencia extranjera o una dirección centralizada desde fuera de España.

Las pesquisas de los Mossos apuntan, más bien, a una emulación oportunista en redes donde pequeños núcleos radicales lograron prender la mecha para que otros grupos locales se sumaran a los desórdenes de forma espontánea.

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